Son tan pequeños que no se pueden ver a simple vista y, pese a su tamaño, su papel es gigante: regulan los flujos de dióxido de carbono en el océano a través de la fotosíntesis y la calcificación, y sostienen buena parte de la cadena alimentaria marina. Millones de estos organismos, completando sus ciclos vitales durante millones de años, han llegado a modelar los ecosistemas globales y el clima de la Tierra.
El juego de los niños funciona de forma similar. Un póster que señalan con el dedo, un babero que se ponen y quitan solos, un sello que estampan contra el papel: gestos pequeños, casi invisibles desde fuera, que repetidos día tras día les van definiendo su autonomía.
Es el mismo principio que nos gusta seguir en Cocolitos, sin grandes declaraciones, pero con buenas prácticas pequeñas y constantes, en cada material y en cada decisión de diseño, que día a día van construyendo algo más grande.