Sobre Cocolitos

Encontrar objetos para niños que cumplan con funcionalidad, sostenibilidad, estética y durabilidad a la vez no siempre es fácil. Yo tampoco lo veía claro. Convertirme en madre me sacó del asiento de compradora para sacar el lápiz y volver a dibujar.

Los inicios

Me llamo Lali, soy diseñadora. También soy una persona muy tozuda que cree que los pequeños gestos, que al principio parecen insignificantes, pueden acabar transformando las cosas.

En 2022, la maternidad me llevó a lugares inesperados. Primero, a un desierto de incertidumbre donde ni yo misma me reconocía; después, a un viaje hacia dentro que me permitió reencontrar a la niña llena de ilusiones que fui. Aquella que descubría el mundo a través de los materiales, que se emocionaba con las texturas y que encontraba magia en los colores.

Pronto vi que muchos productos para bebés no respondían ni a criterios claros de diseño ni de materiales. Empecé a coser y a probar alternativas en casa, buscando objetos más coherentes con la manera de criar y de habitar el mundo que imaginaba para mi familia.

En casa, acompañaron mi curiosidad desde el principio. Mi madre, entre tardes en la tienda de material escolar, me enseñó que la ilusión y la constancia son los grandes ingredientes para construir todo aquello que vale la pena. Mi padre, biólogo marino, me regaló una palabra que hoy define este proyecto: cocolitos.

En biología, son las placas con las que algunas microalgas construyen su estructura; para mí, eran las figuritas de plastilina que modelábamos juntos en la mesa del comedor, donde cada juego se convertía en conocimiento y conexión.

Criterio propio

Parto de los problemas de diseño que encuentro en casa: allí hago las primeras pruebas y ajustes, donde me doy cuenta enseguida si una pieza es cómoda, si aguanta el uso diario o si hay que replantearla. Después sigue el proceso de validación que corresponde a cada producto, con los organismos certificadores oficiales. Es un proceso lento, pero es el único que me deja la conciencia tranquila.

Foto: Sara Costa @saraseaside

Pensados para no tener que sustituirse

El babero EvoClic cambia de talla con una goma recambiable: cuando el bebé crece, cambias la goma, no el babero entero. Es la misma lógica detrás de las láminas LexiPlay y los sellos MerryCube: un solo objeto, válido para etapas distintas. Prefiero ofrecer un objeto que te acompañe cinco años enteros que cinco objetos que te duren un mes cada uno.

Una calidad que nace del trato cercano

Encontrar proveedores locales de verdad es una parte crucial del trabajo de sacar Cocolitos adelante, y es lo que me permite elegir madera de origen controlado FSC®, porque de esta forma sé de dónde viene cada tablero, o algodón orgánico con tintes aptos para bebés OEKO-TEX® Standard 100 Clase I, porque es lo que querría en mi propia casa. El papel de las láminas LexiPlay también está certificado, sin cloro ni metales pesados. Y cuando hace falta plástico (como en el cierre del EvoClic) solo aparece cuando aporta una función real. La producción se hace en series cortas en talleres cercanos de confianza.

Pequeñas cosas para un mundo más grande

"Cocolitóforos observados al microscopio electrónico, muestras de las Maldivas." Jeremy R. Young, Santi Pratiwi, Xiang Su y los científicos de la Expedición 359 (IODP), CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

Los cocolitóforos son algas microscópicas que recubren su cuerpo con unas placas calcáreas: los cocolitos.

Son tan pequeños que no se pueden ver a simple vista y, pese a su tamaño, su papel es gigante: regulan los flujos de dióxido de carbono en el océano a través de la fotosíntesis y la calcificación, y sostienen buena parte de la cadena alimentaria marina. Millones de estos organismos, completando sus ciclos vitales durante millones de años, han llegado a modelar los ecosistemas globales y el clima de la Tierra.

El juego de los niños funciona de forma similar. Un póster que señalan con el dedo, un babero que se ponen y quitan solos, un sello que estampan contra el papel: gestos pequeños, casi invisibles desde fuera, que repetidos día tras día les van definiendo su autonomía.

Es el mismo principio que nos gusta seguir en Cocolitos, sin grandes declaraciones, pero con buenas prácticas pequeñas y constantes, en cada material y en cada decisión de diseño, que día a día van construyendo algo más grande.

Hay una diferencia entre diseñar para un niño y diseñar con un niño. Cada decisión, desde el primer boceto hasta el producto acabado, nace de observar el juego real —cómo tocan, cómo miran, qué les llama la atención—.

Es una pequeña buena práctica repetida. Y es así, creemos, como se construye un futuro más grande.